viernes, 12 de julio de 2013

Cómo se forjó Huarmey


Foto: Santiago del Castillo Dextre
Es bueno recordar cómo se forjó Huarmey, es muy amplia su historia; ahora, no la vamos a pormenorizar, más bien vamos a escribirla a grandes rasgos para dar una idea de cómo se ha logrado hasta hoy este hermoso pero estropeado lugar. Lo decimos porque actualmente surgen pseudo historiadores y dentro de ellos los que teniendo muy poco tiempo de vivencia en nuestra Tierra, pecan tanto de ignorantes como de entrometidos en lo que no conocen.
Lo cierto es que Huarmey encierra una historia muy rica y va mucho más allá de las primeras agrupaciones tribales, así lo demuestran los petroglifos hallados en su vasto territorio. Luego han venido las culturas diversas entre ellas la más conocida la cultura Moche. Arqueólogos de fama internacional entre japoneses, alemanes, estadounidenses, cubanos y otros, dan sus opiniones en el sentido coincidente de que Huarmey a pesar de ser un valle pequeño tuvo la visita de varias culturas preincas. Ducio Bonavía fue de la misma idea.
Foto: Santiago del Castillo Dextre
Últimamente los amigos arqueólogos polacos que vienen estudiando nuestro asentamiento arqueológico EL CASTILLO, emblemático para nosotros, han concluido que la última cultura en visitar y quedarse buen tiempo por Huarmey, fue la Huari antes de los Incas; esto lo sostienen por multitud de evidencias encontradas en ese lugar. Lo hallado hasta el momento no sólo dice de la llegada de dicha cultura ayacuchana y sureña, sino que lo más interesante e importante es que rompe el esquema de nuestra propia historia peruana porque hasta ahora se sostenía que los Huari no habían llegado a la costa norte. Esta conclusión es valiosísima para los estudiosos de la Historia del Continente, y Huarmey tendrá el privilegio de ser considerado constantemente en las investigaciones y estudios correspondientes, para nuestra gloria y orgullo. Esto influye netamente en nuestra identidad, tan zarandeada en las últimas décadas por quienes no tienen la más mínima consideración por lo nuestro.
Se conoce del trabajo y coraje de las primeras familias llegadas luego de la invasión española. Esto es desde hace quinientos años atrás. Los primeros registros que se cuentan son las partidas de nacimiento y de bautizo. Desafortunadamente aquellos registros han desaparecido o deteriorado en su mayoría, ya sea por descuido, falta de previsión, accidentes de la naturaleza como terremotos o inundaciones del río. Lo cierto es que carecemos de documentos que puedan avalar la operación primaria en estos bellos valles que son una bendición de Dios, una naturaleza envidiable: dos valles, clima excelentemente variado, la costa con sus dos bellos desiertos al norte, sur y oeste, el mar prodigioso en especies como en lugares profundos y las hermosas playas. Tenemos pues, una geografía irrenunciablemente hermosa y dadivosa; estamos cercanos a la capital de la república, frente al Océano Pacífico, como para comunicarnos directamente con el hoy envidiado gigante asiático de China si construimos nuestro gran muelle y su Terminal Marítimo. Pero nos falta inteligencia y nos sobra estupidez.
Nuestras primeras familias agenciaron su alimentación con el mar y el agro. Del mar extraían peces y mariscos de gran calidad alimenticia; y del agro, todo lo necesario para acompañar ese sano sustento. Cuando llegó la ganadería, las reses eran trasladadas por vapor o por los arenales costeros hasta el puerto más cercano que era Supe; en el camino nuestros colosos ganaderos eran asaltados por cuatreros y, por supuesto, se agarraban a balazos. Eran muy valientes. Para el caso contaban con muy buenos conocedores de caballos a los que especializaron para sus correrías en desiertos y quebradas, eran animales muy fuertes, hechos para soportar grandes caminatas y corridas muy veloces, soportar el calor costeño y el frío serrano. Raza especial de Caballos Huarmeyanos de Paso, sí señores. Los conocedores de estos animales eran expertos tanto en amansarlos como en surtirlos de sus mejores aperos. Asimismo el jinete huarmeyano se distinguía en su manejo y arrojo para conducir a su bestia a la que daba trato especial. Surcaban constantemente nuestros desiertos del norte y del sur entre Casma y Paramonga, diestros en esos terrenos que hoy los pararinos dicen ser dueños cuando nunca los trabajaron ni conocieron, sólo venían a nuestros valles para que les regalemos desechos de nuestros pastizales. También debemos anotar que nuestros abuelos, aparte de grandes trabajadores de la tierra y el mar, eran hombres de hogar, machistas, hombres de tres alforjas y de  tres porongos de leche. De religión católica.
Huarmey también participó para colaborar en la expulsión del ejército realista ayudando al Generalísimo Don José de San Martín y al Libertador Don Simón Bolívar; por esas acciones en Noviembre de 1820 en nuestra Tierra Huarmey se proclamó la Independencia de España. En este punto es necesario recordar a nuestras dignas autoridades que en años posteriores a la Independencia Nacional de una manera muy inteligente perennizaron el sacrificio y la honradez de muchos patriotas cuando al construir nuestra Plaza de Armas, alrededor de ella a sus calles más cercanas les colocaron los siguientes nombres: la calle “Paso de los Andes”, en recuerdo a la travesía heróica del Ejército Libertador de Don José de San Martín desde Argentina, Chile y la Cordillera peruana para luego llegar a Paracas y empezar a enfrentar al imperio español; la calle “28 de Julio”, para resaltar el día oficial de nuestra independencia patria; la calle “Libertad” (hoy desaparecida, estuvo ubicada en la parte posterior del local municipal), para recordar que siempre debemos luchar por la sagrada libertad tanto individual como nacional; y la calle o avenida “El Olivar”, porque sus hojitas de olivo son las que enmarcan las frentes gloriosas de nuestros innumerables héroes. Y esta plaza de armas es llamada “Plaza de la Independencia” que al frente de ella tiene a la hermosa Avenida Cabo Alberto Reyes, nombre también de otro héroe nacional y, sobre todo, huarmeyano. (¡Y ver con indignidad que el cartelito que señala esta avenida sólo dice “Av. Alberto R.”). Pero sí son prolijos para colocar nombres de personas que agraviaron a Huarmey, llevan sus nombres en el Teatro Municipal y luego será en el Hospital de Apoyo!
¿Acaso no fueron lo suficientemente inteligentes aquellos nuestros primeros padres que pasaron por la Municipalidad? ¡Se imaginan qué no habrían hecho estos manes de nuestra patria chica con tanto dinero que vienen malgastando sucesivas administraciones ediles! ¡Tendríamos una provincia llena de virtudes, llena de ciudadanos bien educados y bien alimentados! ¡Y una estudiosa y bien preparada juventud!
En tiempos de guerra con los chilenos, nuestro territorio huarmeyano fue destruido por ese lumpen uniformado del sur, maltrataron todo: saquearon haciendas y chacras, se llevaron ganado para sus cuarteles, violaron a nuestras mujeres y asesinaron a los que se oponían. Una expresión muy conocida de la época fue la escuchada a uno de sus soldados: “que rico es el Perú que hasta las cañitas son dulces”. El profanador chileno se refería a la caña de azúcar.
Hoy en día nuestra provincia tiene muchos problemas porque se vienen sucediendo autoridades sin la debida inteligencia, funcionarios mediocres y también en otras instituciones que sólo piensan en su bienestar. Tienen la oportunidad de gestionar grandes obras para promover trabajo y no saben emplear el dinero que antes no tuvimos. No protegen a los jóvenes que hoy salen de las aulas de la provincia (hombres y mujeres) en cantidad de quinientos cada año y no les ofrecen ninguna posibilidad de llegar a ser ciudadanos útiles a su terruño. Los chicos se pierden. Las autoridades… bien, gracias, no pasa nada. Se depreda el mar, le tiran bombazos matando hasta el alimento de los peces, de las aves marinas, de los mariscos, etc. El agro no tiene agua cuando el río se seca, la escala de valores ha sido puesta de cabeza, no hay respeto, los escolares son buenos marchando, pero… el resultado académico es muy bajo.
 ¿Y ahora…  EL CASTILLO podrá salvarnos?
Por: Juan Morales Plaza


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